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La pieza faltante del rompecabezas

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Movimientos como #MeToo y #TimesUp que arrancaron como una plataforma para hacer visible la violencia sexual en el medio del espectáculo, han logrado también poner el foco en las diferentes formas de discriminación laboral por razones de género y les han permitido a las víctimas tener una voz propia. Tal vez uno de los efectos más significativos, es que ayudó a romper el silencio, confirmando que cualquier forma de violencia de género es un asunto público y no privado, y promoviendo la solidaridad de diversos sectores.

También confirmó una vez más que prevalece la “naturalización” de la violencia contra las mujeres, la falta de credibilidad de sus testimonios e incluso cómo aún se les culpa de las agresiones en su contra. Es decir que se sigue percibiendo como un asunto menor, cotidiano y exclusivo de mujeres; siendo este el principal obstáculo para su erradicación y la falta de una pieza clave para armar el rompecabezas, el involucramiento del otro 50% de la población: los hombres.

El impacto global que han tenido en medios de comunicación y entre la gente, ha motivado la aparición reciente de iniciativas similares como #AskMoreOfHim, un movimiento liderado por hombres que alzan su voz frente al sexismo, y en el que se busca promover la tolerancia cero frente a cualquier forma de violencia de género, entendiendo que se trata de un asunto de poder. Acá son los hombres quienes llaman a otros hombres a asumir su responsabilidad en la prevención de estos hechos y a reconocer que los espacios de toma de decisiones no pueden seguir siendo monopolizados por ellos; sumándose a los movimientos liderados por mujeres en pro de un objetivo común: unir fuerzas para eliminar las desigualdades de género de manera urgente y definitiva.

A pesar que esto no es nuevo y pertenece al discurso de las nuevas masculinidades, confieso que aún me sorprende positivamente que sean los hombres quienes tomen la vocería, asuman de manera decidida que no necesitan dejar de ser hombres, tener que probar su masculinidad, ni mucho menos rechazar lo femenino, sino encontrar un balance; en ese reconocimiento de que como seres humanos tenemos una dimensión femenina y otra masculina.

Si bien es cierto que no es posible hablar de desarrollo sostenible sin promover paralelamente la igualdad entre mujeres y hombres; tampoco es posible avanzar de manera decidida hacia la eliminación de brechas de género si la responsabilidad sigue recayendo de manera exclusiva sobre las mujeres.

PNUD como agencia de desarrollo, tiene claro que la reducción de la pobreza, las desigualdades y la exclusión, pasa de manera inevitable por promover la igualdad de género y el empoderamiento de mujeres y niñas como parta integral de su mandato. En este sentido, su habilidad de reinventarse en los años por venir, también estará mediada por su capacidad de atraer, vincular y empoderar a los hombres como aliados en el logro de la igualdad de oportunidades para las mujeres, empezando por los hombres que integran la organización a nivel global.

Porque la Agenda 2030, más allá de sus objetivos y metas, no es otra cosa que un manifiesto global para lograr un mundo mejor, es mi deseo que los hombres entiendan que la lucha por la igualdad sólo se ganará trabajando en equipo, y que las mujeres tenemos tantas ganas como ellos de hacer realidad todos nuestros sueños, por lo que el sexo al nacer, la identidad de género o la raza no deberían jugar en contra nuestra, sino potenciar el poder de la diversidad como motor de cambio.

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