Palabras del Coordinador Residente y Humanitario de las Naciones Unidas en Colombia con ocasión del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria 2015

19-ago-2015

Foto: Andres Bernal / PNUD

Muy buenos días a todos y a todas y gracias por venir.

Hoy, en el día mundial humanitario, recordamos la valentía y entrega de miles de hombres y mujeres alrededor del mundo dedicados a la misión humanitaria.

Héroes humanitarios provenientes de las comunidades,  de distintas iglesias, de organizaciones no gubernamentales e instituciones estatales e internacionales, que ponen su vida en peligro cada día para aportar ayuda a las poblaciones más necesitadas y vulnerables.

Para mí personalmente este día tiene un significado particular. Originó hace ahora 12 años cuando un ataque suicida contra las Naciones Unidas en Bagdad resultó en la muerte de 22 colegas. Entre ellos estaba mi jefe y amigo Sergio Vieira de Mello. Trabajé con él por cuatro años en Ginebra, Nueva York, Kosovo y Timor Oriental. Su memoria y ejemplo me acompañan cada día.

Hoy lo recordamos a él y a todos los trabajadores humanitarios que han perdido sus vidas sirviendo la causa humanitaria; el año pasado a nivel global fueron más de 100.

El día mundial humanitario es también un día en el cual reflexionamos sobre la situación humanitaria en el mundo y en las sociedades que servimos.

A nivel global actualmente la comunidad humanitaria internacional enfrenta un número de crisis humanitarias sin precedentes. Se estima que 82.5 millones de personas en más de 22 países hoy requieren ayuda humanitaria. Cerca de 60 millones son personas se encuentran en situación de desplazamiento por causa de conflictos y persecución. Esto equivale a toda la población del Reino Unido.

En la última década las necesidades humanitarias se han cuadriplicado. Con los riesgos que representan el cambio climático, la creciente inequidad, y la fragilidad de varios estados, esta tendencia podría continuar.

En Colombia, afortunadamente, el panorama es un poco más alentador. Aunque aún hay grandes retos. La victimización de civiles y el impacto humanitario del conflicto sobre ellos han disminuido.

Según cifras de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación  de Asuntos Humanitarios (OCHA), el desplazamiento forzado ha venido disminuyendo desde el 2002.

Con el inicio de las conversaciones de paz en noviembre de 2012, el desplazamiento masivo se redujo un 27 por ciento comparado con los 32 meses anteriores a la negociación. En este periodo también disminuyeron el número de acciones bélicas; los ataques a la población civil; las víctimas de minas antipersonal y munición sin explotar; y el secuestro.

Estas tendencias positivas han sido nutridas por los cinco ceses unilaterales de hostilidades de las FARC-EP. Sin embargo, cabe recordar que el conflicto armado con las FARC-EP no es el único generador de necesidades humanitarias en el país. Desde que iniciaron las negociaciones, por ejemplo, cerca del 50% de los desplazamientos masivos fueron ocasionados por actividades bélicas de otros grupos armados.

Esta realidad en parte explica por qué, desde que empezó el proceso de paz, cada mes en promedio se han desplazado 17.000 personas, un total de 2.5 millones de personas sufrieron limitaciones a la  movilidad o al acceso a bienes y servicios, y  cada mes 26 personas fueron víctimas de minas y municiones sin explotar. Muchos otros fueron víctimas de afectaciones menos documentadas como la extorsión, la violencia sexual y basada en género y el reclutamiento de menores de edad.

Quisiera en particular resaltar el fenómeno del confinamiento. Entre enero 2013 y junio 2015 aproximadamente 300,000 personas se encontraron en situaciones de confinamiento. Imagínense si toda la población de Pereira o toda la población de Manizales quedaran sin acceso a agua, sin acceso a electricidad y sin acceso a salud por más de una semana. Esta ha sido la realidad de muchas comunidades; solo que ha sucedido de forma dispersa, en zonas rurales, y, por eso, no es tan visible.

El impacto del conflicto armado se ha concentrado en la Costa Pacífica, en Antioquia y en Arauca.

Ha afectado de forma desproporcional a poblaciones vulnerables como las mujeres, los niños y niñas y las minorías étnicas.

Una persona indígena tiene un riesgo trece veces mayor de ser víctima de un desplazamiento masivo que una persona que no pertenece a una minoría étnica. El riesgo de los afro-colombianos es dos veces mayor.

Estas afectaciones ameritan mayor atención y solidaridad por parte de los colombianos que no viven directamente los impactos del conflicto armado.

Algo que destaca a Colombia de otros países es que, principalmente, son los ciudadanos y ciudadanas del común los que primero responden a las crisis humanitarias. Son las mismas comunidades, los vecinos, los que primero ofrecen comida, techo y cuidado a las víctimas del conflicto armado. Y lo hacen  a pesar de su pobreza, a pesar de su propia vulnerabilidad. Ellos son los verdaderos héroes humanitarios de Colombia.

Más allá de la loable labor del Estado colombiano – un ejemplo para muchos otros países en el mundo. Más allá del increíble trabajo de la iglesia colombiana y de organizaciones de la sociedad civil. Y más allá de cualquier aporte que pueda hacer la comunidad internacional. Son estos colombianos y colombianas, muchas veces los más pobres en zonas rurales,  a quienes debemos celebrar hoy.

Su coraje, generosidad y solidaridad son un ejemplo para todos. Nos muestran el camino hacia la paz.

Gracias.

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