El Castillo, municipio del Meta, está ubicado en los altos del Ariarí. Es un lugar hermoso pero con una historia de victimización muy triste. Por todos los hechos de violencia que se presentaron en los años 90 y parte de los años 2000 , Deidania Perdomo Hite, comenzó a trabajar para buscar la verdad de lo que pasó en la región y a posibilitar la reconciliación de sus habitantes.

Tenía 7 años cuando desaparecieron a su hermano mayor, en el año 89, fue la primera vez que escuchaba hablar de desaparición. A los 8 años vivió la primera masacre que ocurrió en el municipio:  “Me impactó, aún lo vivo como si fuera hoy. Junto a mi papá veníamos en un campero, cuando vimos que habían asesinado a 17 personas, el me tapó la cara con un sombrero para no ver, sin embargo lo recuerdo todos los días”, afirma Deidania.

“El Castillo era un municipio maravilloso, donde todas las comunidades vivíamos organizadas, pero desde el año 2000 se presentan los desplazamientos, y más de 700 familias del municipio de 18 veredas, tuvieron que salir. Esto debido a los intereses que habían en la región, por ejemplo el tema minero energético; en esos momentos se dan grandes operativos entre el batallón XXI y los grupos armados que habitaban la región, en el marco de la operación Conquista. Así salimos desplazados hacia Villavicencio, nos asentamos en barrios de invasión y subnormales; las últimas familias que quedaron en la región, las estaban asesinando y desapareciendo, hubo muchos asesinatos entre el 2000 y el 2002. Esta es parte de la historia de lo que sucedió”, cuenta Deidania.

De allí se organizan y establecen la Comunidad civil de vida y paz -Civipaz de Villavicencio que lideraba su hermano Reinaldo Perdomo. Cuando lo asesinan, el 12 de agosto del 2003, se acaban los sueños de la comunidad del Alto Ariari, que tenían la esperanza de volver al territorio. Así llego el miedo. Luego de dos meses y bajo su liderazgo, comenzaron nuevamente, e iniciaron el trabajo para exigir al Estado la garantía de sus derechos y el reconocimiento como víctimas. “ Logramos que la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictara medidas cautelares a las familias que estábamos en proceso de retorno”, recuerda con orgullo y nostalgia a la vez Deidana.

Aunque siguieron los asesinatos, algunas personas decidieron volver a la región y otras como Deidania y su familia, optaron por quedarse en Villavicencio para hacer resistencia. En el 2005 se conformó la Mesa Humanitaria del municipio y después la del departamento, luego el banco de datos regional, desde donde desarrolló su labor en posibilitar la participación activa y efectiva de las víctimas en la exigencia y garantía de verdad, justicia y reparación, procesos que ha apoyado y acompañado el PNUD.

 

 

Encontrar a los desaparecidos para recuperar la historia

Comenzó a conocer el origen del conflicto y eso la llevó a trabajar con su comunidad y con muchas otras de la región. Antes de la muerte de su hermano, no sabía que significaba la palabra desaparecidos, no la entendía. Cuando ocurrió este asesinato, hubo una desintegración familiar y comenzó a conocer mil casos que le habían pasado a gente como ella. Así comienza a documentar casos, situación que la impulsó para seguir. “Comencé a contarle al uno y al otro lo que yo hacía, y me decían: es que a mí también me paso. Eso me llevó a liderar parte de lo que mi hermano había dejado. Fue muy difícil entender, un desaparecido no abandona a su familia, ni se oculta de la humanidad, como todo el mundo piensa”, comenta sobre su inicio en el tema. Luego de un taller sobre personas dadas por desaparecidas, supo que era un delito y que era mucho más grave que un asesinato, según sus palabras. “Empecé a documentar los casos en varios municipios, con la organización la Orlando Fals Borda y me dieron una oportunidad de trabajo”. Con “Contemos la verdad”, una campaña que a través de afiches con los rostros de personas desaparecidas de la región, ayudó a identificar muchas de las personas que las familias buscaban y también ayudó a reconocer casos a través de sitios o situaciones que otros conocían; todo esto para articular con Medicina Legal, la Fiscalía y todas las instituciones involucradas, para ayudar a los familiares de los desaparecidos.

La reconciliación un paso necesario para la inclusión

Por su reconocimiento en el trabajo con comunidades y su trabajo con el PNUD en la construcción de redes de víctimas; se hizo necesario también trabajar con desmovilizados.  Así se fue a “buscar”  a los desmovilizados de la Ley de Justicia y Paz (Ley 975 del 2005), en varios municipios donde estaban ubicados; Deidania recuerda que se hizo un encuentro y “tenía temor de encontrarme con ellos, una cosa es verlos en el campo y otra cosa es verlos en la ciudad”. La primera vez que llegó al municipio de Vista Hermosa habían 30 desmovilizados. “Empezamos a trabajar y comenzaron a proponer cosas”. En los otros municipios se hacían talleres con víctimas y con desmovilizados, y ellos proponían una agenda común entre excombatientes y las víctimas.

Producto de ello se construye una Agenda común, y se hace un encuentro entre excombatientes y las víctimas. “Ahí entendí que aquellas personas que habían desplazado, que habían desaparecido, que habían asesinado, eran los hijos de los campesinos de la región. Que ellos habían cogido esos lugares porque no tenían oportunidades, no había empleo, no había trabajo para ellos. ¿Qué hicieron? Lo que mejor les pareció”, reflexiona.

Hoy sigue trabajando con víctimas de crímenes de estado, y les sigue brindando apoyo, ellos me llaman, me buscan y les sigue prestando orientación.

Dice que tenemos todo en común para trabajar juntos. “Con las víctimas decimos: queremos un país en paz, queremos un país donde los hijos de las víctimas puedan salir a estudiar, puedan encontrar algo de tranquilidad y ellos también proponían lo mismo. Queremos que nuestros hijos vivan los que nosotros no vivimos”.

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