Una escuela flotará en la ciénaga Zapatosa

Una escuela flotará en la ciénaga Zapatosa
Aulas Flotantes en el corregimiento Sempegua del municipio de Chimichagua (Cesar). Foto: Elizabeth Yarce/PNUD

Cuando Sempegua se inunde, el cemento que aferra la escuela Nuestra Señora del Carmen al piso firme se desprenderá, comenzará a subir y flotará. Cuando se vaya el agua, quedará en el mismo sitio. De esta forma funcionará el primer centro educativo flotante en Colombia, con una capacidad para 60 niños, distribuidos en tres aulas.

Sempegua, con una temperatura que oscila entre los 30 y 40ªC,  está ubicado a una hora por carretera destapada del municipio de Chimichagua, y a cuatro de Valledupar (Cesar). Los habitantes viven en su mayoría de la pesca, la agricultura y la ganadería.  Ofrece uno de los mejores paisajes de esta zona del país, al poder contemplar en su esplendor la ciénaga de Zapatosa donde llegan aguas de los ríos Cesar  y Magdalena.

Aspectos Destacados

  • Gracias al proyecto Aulas Flotantes en el corregimiento Sempegua del municipio de Chimichagua (Cesar), los niños de primaria ya no tendrán que desplazarse de su escuela en época de invierno.
  • La estructura es única en América Latina y podría replicarse en otros territorios de Colombia y del continente.
  • PNUD, UNGRD, Unión Europea y Universidad EAFIT al frente de este proyecto.

Paradójicamente, cuando esta laguna crece (abril, mayo, septiembre y octubre), Sempegua se convierte en una isla a la que,  en muchos de los casos, solo se puede acceder por medio del transporte fluvial. Es entonces cuando el agua entra con fuerza por un caño, logra tapar el centro educativo, deja a los niños sin clases y trae escasez y enfermedades.

Ahora la historia cambiará luego de que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, la Unión Europea y la Universidad EAFIT unieron esfuerzos para hacer posible esta iniciativa de adaptación frente al cambio climático. Y lo que en un principio era la tesis de grado de  dos estudiantes de la Eafit,  es hoy el sueño de todo un pueblo.

“Apoyamos este proyecto por su naturaleza innovadora. Fenómenos como el cambio climático requieren buscar medidas de adaptación a fenómenos que no podemos prevenir totalmente; pero podemos aprender a vivir con ellos. Esta iniciativa es un ejemplo de reunir a varios actores con un propósito común en beneficio de las comunidades más vulnerables”, sostiene Inka Mattila, directora de país adjunta del PNUD en Colombia, luego de inaugurar las aulas flotantes.

“No todos los días un niño estrena una escuela que no se hunde en el agua y no se imaginan para uno como docente la situación diaria –explica la profesora Nereida Palomino-. ¿Profe sí va a llover? ¿Cuánta agua se necesita? ¿Seguro que esto no se hunde? ¿Se va a mover mucho? ¿Nos podemos turnar todos para ver que se siente? ¿Profe, ya? Son las preguntas que me hacen”.

“Esto es una innovación para nuestro municipio que servirá para garantizar la educación. En invierno este corregimiento queda aislado de los demás municipios aledaños, los profesores dejan sus labores antes de que acabe el año, los niños sufren”, añade el alcalde de Chimichagua, Javier Martínez.

La escuela flotante hace parte del proyecto “Fortalecimiento de las Capacidades Institucionales para la Implementación de Prácticas Locales de Gestión Integral del Riesgo como Medida de Adaptación al Cambio Climático en la Zona Insular y Costera del Caribe Colombiano”, puesto en marcha por el PNUD en asocio con la Unión Europea y con el apoyo de la UNGRD, INVEMAR, ASOCARS, IDEAM, MADS Y MVCT, instituciones que pretenden entregar soluciones de adaptación a comunidades vulnerables que sufren por los efectos de la variabilidad climática en el país.

El proyecto es uno de los cinco pilotos de adaptación contemplados en el proyecto de Gestión Integral del Riesgo Caribe, iniciativa de gran importancia para el país debido a su impacto social como medida de adaptación al cambio climático pues, además de mitigar el riesgo asociado a las inundaciones, ofrece a las comunidades afectadas soluciones permanentes que les posibilitan hacerle frente a los efectos del clima sin desplazarse de sus territorios.

¿Cómo flota?

Su funcionamiento se basa en el Principio de Arquímedes por el cual los cuerpos flotan o se hunden, dependiendo de la densidad de los materiales. “Lo que hicimos fue un sistema principal con una plataforma flotante que está construida en concreto aligerado. Cuando la inundación entra, la plataforma por algo que se llama el principio de Arquímedes empieza a flotar. Luego, el agua ejerce una presión de empuje hacia arriba que hace que el cuerpo se desplace flotando. Cuando la inundación vuelve a descender la plataforma vuelve a bajar y se asienta nuevamente sobre el sistema de sustentación”, explica la ingeniera  de Eafit Lina Cataño quien junto a Andrés Walker, diseñó la escuela.

“¿Si los barcos son de acero cómo logramos que floten? La cuestión es que el acero que es siete veces más denso que el concreto logra flotar.  Por ende, el cemento que es de una densidad menor, también va a lograr flotar”, dice la ingeniera, mientras la miran incrédula varios habitantes de Sempegua.

Hasta no ver…

“Yo hasta que no vea que ese cemento se levanta de ahí del piso y que cuando baje el agua va a quedar como está… Ver para creer. Yo lo he revisado y no le encuentro lógica”, cuestiona Otilia Otálora, habitante del pueblo.

Con paciencia, Lina Cataño le explica: “Desde el nivel de piso el agua llega a 60 centímetros y la escuela empieza a flotar. Es como si tuviéramos un inflador de plástico que está sentado en tierra. En vez de estar apoyada directamente en el piso está apoyada en un sistema de flotación, un sistema de sustentación (cuando se asienta en tierra) y uno de anclaje”.

La escuela flotante cuenta además con sistemas autosostenibles para recolección de agua lluvia y pozos sépticos integrados a la misma plataforma flotante. “Toda la parte de las acometidas eléctricas se hizo por medio de red eléctrica de aire y tiene la versatilidad de ir soltándose a medida que va subiendo la inundación para adaptar el largo de las conexiones a la altura que va tomando el aula flotando”, añade Juan Carlos Álvarez, del proyecto Gestión Integral del Riesgo del PNUD.

Estas plataformas, precisan sus diseñadores, no están hechas para zonas de inundación torrencial, si no para aquellas de inundación aluvial que son consideradas como zonas de riesgo mitigable.

La escuela de Sempegua tiene además un puente de acceso con una altura determinada para que la cuota de inundación no lo rebose. Esto hace que el acceso de los niños sea seguro. Lo curioso es que fue construido en madera plástica, a partir del reciclaje de vasos y palitos para el café.

Ahora, a esperar la lluvia

Según los habitantes de Sempegua, “este de 2014 es el mayo más seco en muchos años. La laguna ha estado tranquila y nosotros aquí esperando a que llueva. Sabemos lo malo que es la inundación pero ¿quién no quiere ver una escuela que flota?. Estamos felices porque esto es una bendición”, dice el director del centro educativo, Jesús Aldo Nobles.

Debido a la euforia de los 155 niños de primaria que quieren a toda costa estar en la escuela cuando flote, y teniendo en cuenta que solo hay cupo para 60 distribuidos en las tres aulas, el director tuvo que hacer un sorteo y los ganadores se pasean orgullosos por el pueblo.

“Queremos subir por las escaleras y ver cómo es que flota. En mi casa no creen y dicen que eso nunca se va a mover de ahí. Yo sí me levanto todos los días y miro cómo está la ciénaga. Me da mucho desespero porque nos dijeron que cuando el agua llegue hasta aquí (un indicador metálico de 60 centímetros ubicado en uno de los costados) esto flota. Y se necesita mucha, pero mucha agua y nada”, se lamenta Paula Andrea Serpa, de nueve años.

Ella, en cuarto grado, tiene temor de que se demore la inundación. “El otro año estoy en quinto y si no se inunda no me va a tocar y yo quiero estar allí cuando eso pase”.

El día que vuelva a inundarse Sempegua, dicen los ingenieros, es posible que muy próximo a las aulas haya pescadores y los niños los miren por las ventanas. Afuera, el resto del pueblo estará tranquilo porque sabe que por fin sus niños están a salvo.

 

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